viernes, 9 de junio de 2017

Corazones entre espinas

LOS SAGRADOS CORAZONES DE JESÚS Y DE MARÍA
Coronados de espinas, ardientes y traspasados
Contemplación bíblica

1. Las espinas aparecen por primera vez en la Sagrada Escritura en el relato de la caída de nuestros primeros padres. Entre otras calamidades, Dios les anuncia: "Por tu causa quedará maldita la tierra...espinas y abrojos te producirá" (Génesis 3,18).

2. En el lenguaje de la Escritura las espinas son, por lo tanto consecuencia del pecado original. Son manifestación del estado de irreconciliación en que quedaron la tierra y el hombre. Esa irreconciliación, que no le permite al hombre vivir fácilmente sobre la tierra, es especialmente evidente en los desiertos, donde éste no puede vivir a causa de la infertilidad del suelo, sobre el cual sólo logran sobrevivir las plantas espinosas, los abrojos, zarzas y espinillos.

3. La corona de espinas, ya sea la de Cristo en la Pasión, ya sea la que ciñe el Corazón de su Madre, nos habla por lo tanto, del pecado original. Ese drama terrible, al que Jesús vino a poner remedio. Así como Jesús carga sobre sí los pecados del mundo, porta sobre su cabeza, en forma de corona, la maldición de la tierra, el signo de la irreconciliación entre el hombre pecador, hijo de Adán y Eva, y la tierra de la que fueron tomados. 

"El era herido por nuestras rebeldías..." (Isaías 53,4). 

Las espinas, en efecto, están trenzadas en forma de corona: por su pasión, Jesús ha transformado la maldición y el castigo, en un triunfo y en una victoria.

4. La espada de fuego: En el relato del castigo del pecado en el libro del Génesis, nos encontramos también con una espada de fuego. O, si traducimos a la letra, con "un fuego como espada". Qué relación hay entre esa espada y la que traspasa el alma de la Madre de Jesús?

5. Tras la expulsión del Paraíso quedan apostados a la entrada ángeles encargados de impedir el acceso al árbol de la vida: "Y le expulsó el Señor Dios del jardín de Edén... Y habiendo expulsado al hombre, puso delante del jardín de Edén a los querubines y la llama refulgente de la espada [= el rayo] para impedir el acceso al árbol de la vida" (Génesis 3,23-24).

6. Los querubines son los ángeles de la presencia o la cercanía de Dios. Su ministerio, su misión es señalar y visibilizar la Presencia, comunicarla a los hombres. Se los representaba sobre el Arca de la Alianza con las alas desplegadas. Sobre ellos, como sobre un trono, se sentaba el Dios invisible para hacerse presente a su pueblo. Es a estos seres angélicos a los que el Señor les encarga que impidan el acceso al árbol de la vida al arbitrio y la insolencia de los hombres desacatados..

7. Las espinas, la espada y el fuego, aparecen pues, en este relato del castigo por el pecado original, asociados en un mismo contexto y expresando distintos aspectos del castigo, o de los efectos desastrosos del pecado. El hombre se convierte ahora en un siervo de la tierra, en un esclavo que ha de servirla, ha de labrarla fatigosamente y entre espinas, para cobrar de ella un salario de pan. Pero el árbol de la vida, queda en el Paraíso perdido, inaccesible ahora. Los ángeles de la Presencia, armados del rayo, le vedan al hombre el acceso a la perdida intimidad y convivencia paradisíaca.

8. En la tradición católica, se celebra a la Cruz como Árbol de la Vida: En la liturgia se canta a la cruz como: "Árbol lleno de luz, árbol hermoso, árbol ornado con la regia púrpura" Y "¡Oh Cruz fiel, árbol único en nobleza! jamás el bosque dio mejor tributo en hoja, en flor, en fruto. Dulce árbol, donde la vida empieza con un peso tan dulce en su corteza. Tú solo entre los árboles, crecido para tender a Cristo en tu regazo; Tú el Arca que nos salva, tú el abrazo de Dios con los verdugos del Ungido"

9. El fuego, la espada y las espinas, nos remiten por un lado al castigo del pecado original, pero por otro, al remedio que puso Dios a aquellos males en la Pasión de su Hijo. Al hacerse hombre, Dios tomó sobre sí las espinas y fue herido por la espada y el fuego. Y es de ese remedio que nos hablan esos símbolos de los Corazones de Jesús y María, donde ellos se han convertido, en efecto, de castigo en remedio y de maldición en bendición.

10. Ya no hay Querubines a las puertas del Paraíso para impedirnos el acceso al Árbol de la Vida, sino que, en la Cruz, Árbol de Vida, se ofrece a nosotros Jesús mismo, como fruto de la ciencia del bien y del mal que da la sabiduría a sus discípulos, y que lejos de celarse se nos da en alimento para hacernos iguales a Dios.

11. Junto al Árbol de la Cruz, para tomarnos como hijos y darnos la vida, está María, la nueva Eva que nos da a comer el fruto eucarístico, en vez del fruto de Muerte que la primera Eva le sirvió a Adán.

12. Los mismos símbolos nos hablan en el Génesis de una cosa y en el Evangelio de la contraria. Allá nos pintan las consecuencias del pecado. Aquí nos hablan de la sobreabundancia de la gracia y de la salvación.

13. Al mismo tiempo, podemos ir advirtiendo cómo en la Sagrada Escritura, los símbolos están regidos por leyes propias de combinación y de asociación entre sí. Esas leyes pertenecen al modo y al lenguaje en el que el Espíritu Santo quiere hablarnos en las Escrituras.

14. En hebreo hay una relación verbal entre la llama y la espada. En muchas culturas se ha notado la semejanza de las llamas de fuego con la hoja de una espada, o también con la lengua del hombre. Es que el fuego destruye y mata, o también devora como decimos en castellano, donde son frases hechas decir "lenguas de fuego" o "lengua afilada".

15. En hebreo se habla de la lengua de la espada; y se dice que devora, para aludir metafóricamente a su acción de matar. Igual que en castellano, se habla en hebreo de lenguas de fuego y de que el fuego devora. Se dice en hebreo que el fuego devora con su lengua o con su espada. Se dice también que la espada devora con su lengua, como hace el fuego.

16. Leemos por ejemplo en Isaías: "Sobre el solar de mi pueblo zarza y espino crecerá" (32,13). "Concebiréis heno, pariréis paja y mi soplo como fuego os devorará" (33,9.11; ver Lucas 28,31). "Los pueblos serán calcinados como espinos cortados que devorará el fuego" (33,12).

17. El Salmista ve a sus enemigos que lo rodean como un incendio de zarzas: "Me rodeaban como avispas, llameaban como fuego de zarzas, pero yo los corté en el Nombre del Señor" (Salmo 118,12).

18. David dice que los malvados son como "espinas del desierto" que no son recogidas con la manos sino que se los maneja con el hierro "para quemarlos" (2 Samuel 23,6).

19. Ezequiel sueña con la paz de los últimos tiempos en estos términos: "Ya no habrá más, para la Casa de Israel, espina que punce ni zarza que lastime, entre los pueblos vecinos que la desprecian" (28,24).

20. Estos textos muestran cómo y por qué van asociados el fuego y las espinas en las Sagradas Escrituras. Los príncipes y los reyes vecinos de Israel, son como fuegos peligrosos por su vecindad. De los pueblos, leemos a menudo en las Escrituras que sale fuego que calcina a otros pueblos vecinos: "De Jeshbón saldrá fuego y una llama de la ciudad de Sijón" (Números 21,28).

21. Ezequiel entona un canto fúnebre, una elegía por los príncipes de Israel, en estos términos que ya les irán resultando conocidos: "Tu madre era una vid plantada a orillas de las aguas [...] Pero ha sido arrancada con furor... su ramo robusto se ha secado, lo ha devorado el fuego. Y ahora está plantada en el desierto, en tierra de sequía y de sed. Ha salido fuego de su ramo, ha devorado sus sarmientos y su fruto" (Ezequiel 19,10-14).

22. Como se ve: las espinas, el fuego que devora, el hierro que corta los espinos para arrojarlas al fuego, son en el lenguaje bíblico del Espíritu Santo, los emblemas del castigo. ¿Qué hacen pues en los Corazones de María y de Jesús?

23. Jesús, Siervo sufriente, tomó sobre sí el castigo que nosotros merecíamos: "eran nuestras dolencias las que él llevaba sobre sí y nuestros dolores los que soportaba!... El soportó el castigo que nos trae la paz, y con sus cardenales fuimos curados... Por sus desdichas justificará mi Siervo a muchos y las culpas de ellos soportará él.(Isaías 53).

24. Los mismos símbolos nos hablan en el Génesis de una cosa y en el Evangelio de la contraria. Allá de castigo por el pecado, y aquí de salvación del pecado. Jesús, Siervo Sufriente, tomó sobre sí las espinas, el fuego y la espada. Y María se guardó todo esto en el Corazón.

25. Cierta vez Jesús dijo: "fuego he venido a traer a la tierra y qué quiero sino que arda" (Lucas 12,49). Pero a sus discípulos que querían pedir fuego del cielo para que destruyera una ciudad inamistosa, Jesús los reprendió: "No sabéis de qué espíritu sois" (Lucas 9,54s). No era el fuego destructor el que Jesús quería y venía a traer. No era con ese fuego con el que deseaba incendiar la tierra, sino con ese otro fuego que vemos consumir a los sagrados Corazones.

26. Del cetro de este Mesías no sale fuego destructor de los enemigos, sino un fuego de amor divino, más fuerte que la muerte y que ni un océano puede extinguir (Cantar 8,6-7).

27. Los corazones nuevos. Los corazones de Jesús y de María son la primicia de los Corazones nuevos, deseados por los justos y prometidos por Dios, por boca de sus profetas, para el tiempo de la Nueva Alianza.

28. Jesús y María tienen en sus corazones el fuego, las espinas, la herida de la lanza o las espadas. En ambos corazones brilla el perdón de Dios. Porque ni en el Corazón del Hijo ni en el de la Madre hay lugar a la más mínima sombra de rencor. En ellos arde, puro y sin escoria, el fuego del perdón divino; que quiere consumir al pecado pero no al pecador.

29. A la luz de este fuego que inflama estos corazones y de esta lanza y espada que los traspasa, a la luz de esta corona de espinas, nos es posible comprender mejor cómo en los castigos por el pecado original que anunciaba el Génesis no había una explosión de la ira divina, sino una profunda pena misericordiosa y la preparación del remedio y de la salvación por Jesús y María.

30. Las zarzas y el fuego: Hay dos pasajes de la Sagrada Escritura en las cuales aparecen las espinas, el fuego y la espada y son significativos para seguir profundizando en el sentido de los corazones traspasados, ardientes y coronados de espinas.1) La fábula de los árboles que eligieron por rey a la zarza (Jueces 9). 2) El encuentro de Moisés con Dios en la zarza ardiente (Éxodo 3).

31. La zarza que contagia su incendio y devora con su fuego a los árboles de su alrededor significa la ira de un rey perverso que se entre destruye con un pueblo perverso.

32. El fuego que Moisés ve arder en el corazón de la zarza sin consumirla le revela a Moisés a Dios como fuego de amor misericordioso no destructor ni devorador de los espinos, (los malvados). Dios le manifiesta allí a Moisés su Nombre: Yo soy el que soy, o quizás mejor: Yo soy el que estaré (con vosotros = el Emmanuel), es decir, el Dios de la Presencia y cercanía recuperadas.

32. Considero que la zarza ardiente que vio Moisés, prefiguraba el misterio de los Corazones de Jesús y de María.

33. En una colección de antiguos comentarios rabínicos sobre el libro del Éxodo, llamado Midrásh Éxodo Rabbáh, encontramos un comentario a las palabras de nuestro texto: "Como una llama de fuego en medio de las espinas". El comentario dice así: "Otra opinión acerca de 'a manera de llama de fuego', dice que estaba (el fuego) a ambos lados de la zarza y encima de ella, igual que el corazón (en hebreo = leb) está puesto entre ambas partes del cuerpo y en la parte de arriba". Según este comentario, el fuego estaba dentro de la zarza como un corazón; era como el corazón ígneo de la zarza. O también, el fuego ardía en el corazón de la zarza. En todo caso, los rabinos son sensibles a relacionar en este texto los diversos símbolos del texto, los mismos de nuestro emblema.

34. El famoso comentarista medieval judío Rabbí Salomón Isaac, más conocido como el Rashí, comenta así nuestro pasaje: 'En una llama de fuego' (belabbat 'esh): "Es el corazón (leb) del fuego. Expresión al estilo de: 'En el corazón del cielo' (Deuteronomio 4,11), 'el corazón de la encina' (2 Samuel 18,14) que significa: en medio de. Y no te extrañes de que diga labbat por leb, (con tau final), porque hay otro ejemplo de eso en Ezequiel 16,30:  'Oh! ?Qué frágil es tu corazón' (=libbatekha)" Según lo cual, este autorizadísimo rabino, nos autoriza a entender que Moisés vio a Dios "en el corazón de la llama o del fuego" (belibbat 'esh).

35. Por este camino, leo en el texto: "Y se dejó ver el Ángel de Dios a él en forma de corazones de fuego" (=belibbót 'esh). Y también, ambivalentemente:  "En forma de lengua de fuego", "En forma de espada de fuego", "En forma de corazones de hombre" (belibbot 'ish)."De en medio de la zarza" (=mitok hasenéh) Y también, ambivalentemente: "De en medio del odio" (=mitok hasin'áh).Es decir, en otras palabras, "corazones de fuego, que arden en medio del odio sin consumir a los que los odian".

36. El fuego que Jesús ha venido a la tierra ha de entenderse pues, como un fuego que no viene del cielo a destruir al pecador, sino a llamarlo al amor, a inflamarlo en un amor divino, que no destruye sino que vivifica..






lunes, 5 de junio de 2017

RESPUESTA POLACA A LA INVASIÓN DEL ISLAM
PROPICIADA POR LA BUROCRACIA DE BRUSELAS

ENTRONIZACIÓN DE JESUCRISTO 
COMO REY DE POLONIA

Respuesta de Polonia a la invasión del Islam
Y a la amenaza de sanciones por la burocracia de la Unión Europea que la planeó, la propicia y procura imponerla amenazando con sanciones

https://youtu.be/pzv9DOg0ksk

domingo, 4 de junio de 2017

EL PUEBLO POLACO CONTRA LA INVASIÓN ISLÁMICA A POLONIA

LOS MEDIOS DEL GLOBALISMO OCULTAN SISTEMÁTICAMENTE 
ESTAS PROTESTAS. 
VEA MÁS VIDEOS EN YOU TUBE
https://youtu.be/C_BjPy19bYs

150.00 polacos marchan contra inmigración islámica https://youtu.be/pDHvwz0jRuw

DISCURSO PARLAMENTARIO SE REBELA CONTRA POLÍTICA DE BRUSELAS
ESCENAS DE LA TRADICIÓN NAVIDEÑA  Y  CRISTIANA EN POLONIA

https://youtu.be/fNSAE49B1gU

viernes, 2 de junio de 2017

SILENCIOS Y SILENCIOS
Card. Robert Sarah cita al Card. Newman

El Cardenal Robert Sarah, dice en un libro reciente titulado: "La fuerza del silencio", citando al Cardenal Newman:

"En su Ensayo para contribuir a una gramática del asentimiento, el beato John Henry Newman dirige amargos reproches como éstos a los sacerdotes: 

"El silencio conserva el calor interior del fervor religioso. Este calor manifiesta la vida del Espíritu Santo en nosotros. El silencio permite alimentar y mantener encendido el fuego divino en nosotros (…). 

La vida del Espíritu requiere vigilancia. Si queremos dar testimonio de la presencia del Espíritu Santo en el mundo, debemos alimentar especialmente y con el mayor esmero el fuego interior. 

No es de extrañar que muchos sacerdotes se hayan convertido en envoltorios sin alma, hombres que hablan mucho y comparten multitud de experiencias, pero en quienes se ha extinguido el fuego del Espíritu de Dios, y solo expresan ideas insignificantes o sentimientos insulsos. 

A veces da la impresión de que no estamos del todo seguros de que el Espíritu de Dios sea capaz de tocar el corazón humano: nos creemos en la obligación de remediar esa deficiencia y de convencer a los demás de su poder con abundancia de palabras. Pero es precisamente esa incredulidad charlatana la que extingue el fuego (…). 

Para quienes ejercemos un apostolado, la mayor tentación es el exceso de palabras, que debilitan nuestra fe y nos hacen tibios. El silencio es una disciplina sagrada, centinela del Espíritu Santo".

El Cardenal Robert Sarah comenta así las afirmaciones de Newman acerca de los sacerdotes que se han apropiado de la palabra de Dios, de los sacramentos y la liturgia, demuestra claramente que existe un estrecho vínculo entre el silencio y la fidelidad al Espíritu Santo. 

Sin la ascesis del silencio los pastores se convierten en hombres irrelevantes, prisioneros de una verborrea tediosa y patética. Sin la vida del Espíritu Santo y sin el silencio, la enseñanza del sacerdote no es más que palabrería confusa, desprovista de consistencia. La palabra del sacerdote debe ser expresión del alma y signo de la presencia divina.

Cardenal Robert Sarah
La fuerza del silencio, pág. 86 y 88

Me permito comentar: 
hay dos clases de silencio, uno nocivo y otro eficaz.

1) Acerca del silencio maligno ha alertado Jean Guitton en un libro de denuncia: "Silencio sobre lo esencial" [1988]. 

De este silencio dijo San Agustín: ¡Ay de los que se callan de ti!, porque no son más que mudos charlatanes." [Confesiones 1, 3 – 4]
Diríamos que este mal silencio consiste en dejar implícito todo o parte de lo que se guarda en el depósito de la fe y debe ser anunciado por voluntad explícita del Señor: Id y enseñad TODO [Mateo 28,20]

2) Por el contrario, acerca del silencio eficaz escribió bellamente san Ignacio de Antioquía: 


"Más vale callar y ser que hablando no ser. Bien está el enseñar, a condición de que, quien enseña, haga. Ahora bien, hay un Maestro que dijo y fue [Salmo 32, 9; 148,5; refiriéndose al relato de la Creación por el Verbo, en Génesis ]. Mas también lo que callando hizo son cosas dignas de su Padre. El que de verdad posee la palabra de Jesús, puede también escuchar su silencio, a fin de ser perfecto. De esta manera, según lo que habla, obra; y (hasta) por lo que calla es conocido" [Ad Efesios, 15, 1-2]


Y en otro lugar: "Y quedó oculta al príncipe de este mundo la virginidad de María y el parto de ella, del mismo modo que la muerte del Señor: tres misterios estruendosos que se cumplieron en el silencio de Dios" [Ad Efesios 19, 1].




viernes, 26 de mayo de 2017

APARICIONES EN FÁTIMA
SIGNIFICADO HISTÓRICO

EN EL CENTENARIO DE LAS APARICIONES 
DE NUESTRA SEÑORA EN FÁTIMA 
el Profesor de Historia Dr. Javier Paredes 
explica el sentido histórico de las apariciones de la Virgen 
en la época contemporánea
¡Sin desperdicio!

viernes, 19 de mayo de 2017

La última Luz - Juan Manuel de Prada

LA ÚLTIMA LUZ
JUAN MANUEL DE PRADA
Madrid ABC​ 4 de julio de 2016

Son muchos los lectores que me escriben inquietos, algunos muy lastimados en sus creencias, otros en un estado de angustia próximo a la pérdida de la fe, suplicándome que me pronuncie sobre tal o cual desvarío eclesiástico. 

Durante muchos años ofrecí mi jeta desnuda para que me la partieran los enemigos de la fe; hasta que, cierto día, empezaron a partírmela también (¡y con qué saña!) sus presuntos guardianes. 

Hoy atravieso una noche oscura del alma de incierta salida; por lo que, sintiéndolo mucho, no puedo atender las solicitudes de mis lectores angustiados, sino en todo caso sumarme a su tribulación. 

En cambio, les recordaré un pasaje de las Escrituras que, en momentos tenebrosos, conviene tener presente, para que no muera la esperanza. Y estas líneas serán las últimas que dedique a esta cuestión desgarradora. 

En una de las visiones del Apocalipsis se nos habla de la Gran Ramera, que «fornica con los reyes de la tierra» y «embriaga a las gentes con el vino de su inmoralidad». Esta Gran Ramera es la religión adulterada, falsificada, prostituida, entregada a los poderes de este mundo; y es la antítesis de la otra Mujer que aparece en el Apocalipsis, la parturienta vestida de sol y coronada de estrellas que tiene que huir al desierto, perseguida por la Bestia. 

Si la Gran Ramera simboliza la religión genuflexa ante los «reyes de la tierra», la parturienta representa la religión fiel y mártir. Estas dos facetas de la religión, que para Dios son perfectamente distinguibles, no lo son siempre para los hombres, que con frecuencia confunden a la una con la otra (a veces por candor, a veces por perfidia); y sólo serán plenamente distinguibles en el día de la siega, cuando se separen el trigo y la cizaña. 

Entretanto, para tratar de distinguir esta religión prostituida hemos de guiarnos por los indicios que nos brindó Cristo: es la religión convertida en sal sosa, es la religión que calla para que griten las piedras, es la religión que permite la «abominación de la desolación», adulterando, ocultando y hasta persiguiendo la verdad. «Os expulsarán de la sinagoga –profetizó Cristo, en un último aviso a navegantes–. Y, cuando os maten, pensarán que están haciendo un servicio a Dios». Evidentemente, no se estaba refiriendo a la persecución decretada por los reyes de la tierra, sino a la persecución mucho más pavorosa impulsada por la Gran Ramera.

¿Cómo fornica la Gran Ramera con los reyes de la tierra? Allanándose ante sus leyes, transigiendo ante su dictadura ideológica, callando ante sus iniquidades, codiciando sus riquezas y honores, aferrándose a los privilegios y brillos con que la han sobornado, para tenerla a sus pies; en resumen, poniendo los poderes de este mundo en el lugar que le corresponde a Dios. 

¿Y cómo embriaga a las gentes con el vino de su inmoralidad? Adulterando el Evangelio, reduciéndolo a una lastimosa papilla buenista, enturbiando la doctrina milenaria de la Iglesia, cortejando a los enemigos de la fe, disfrazando de misericordia la sumisión al error, sembrando la confusión entre los sencillos, condenando al desconcierto y a la angustia a los fieles, a los que incluso señalará como enemigos ante las masas cretinizadas, que así podrán lincharlos más fácilmente. Al final esos fieles serán muy pocos; pero, a cambio, serán terriblemente visibles, provocando el odio de la religión prostituida, que los perseguirá hasta el desierto: «Y seréis odiados por causa de mi nombre, pero el que persevere hasta el fin, ése será salvo».

Entretanto, Dios mantendrá sus promesas sobre la permanencia e infalibilidad de sus palabras: «Cielo y tierra pasarán, mas mis palabras no pasarán». Y esa última luz será nuestro único consuelo, mientras nos invade la noche oscura del alma.

viernes, 14 de abril de 2017

HECHO OBEDIENTE HASTA LA MUERTE
Y MUERTE DE CRUZ:
OBEDIENCIA RELIGIOSA
EN UNA CULTURA SECULARIZADA

"La voluntad consagrada por el voto de obediencia está destinada a unirse a la de Dios. 
Ya no pertenece a hombres. 

No pertenece al que la ha entregado, quien no puede recobrarla para sí sin sacrilegio, porque arrebataría lo que ya no le pertenece a él sino a Dios. 

Pero la libertad del súbdito tampoco pertenece al superior. 
Éste, el superior, en efecto, está también sometido a la voluntad de Dios y no puede abusar de una voluntad consagrada sin, de alguna manera, incurrir en sacrilegio por la profanación de algo consagrado, o sea apoderándose humanamente de la voluntad del súbdito
para planes y fines humanos, no conferidos religiosamente con Dios".


La desacralización, como pérdida del sentido de lo sagrado, toca también al ejercicio de la obediencia religiosa, tanto en el ejercicio del gobierno y de la autoridad del que manda, como en la sumisión del que obedece.    
El idioma castellano tiene una sola palabra para los dos aspectos de esta relación de obediencia. Y para peor, mandar y obedecer, siendo en realidad dos aspectos de una misma realidad religiosa, expresan en nuestra lengua una antinomia y presentan ambas acciones en lo que tienen de opuesto o complementario y no en lo que tienen de común. Sirven más para expresar situaciones militares que la plena verdad de la relación espiritual de la obediencia religiosa. Esto no nos facilita la tarea de expresar lo que pensamos. Pero queremos intentarlo de todos modos. San Ignacio salió airosamente de esta dificultad mostrando el carácter "procesional" de la obediencia, donde el mandato del superior emana de su obediencia a otra instancia superior:
La secularización, por ser una visión irreligiosa de la existencia, destruye la visión de la cadena de obediencias, fragmenta la procesión de mediaciones de la voluntad divina, y destruye la obediencia como fenómeno religioso de comunión y comunicación que se realiza precisamente -valga la redundancia- mediante las mediaciones   
La visión ignaciana de la obediencia, puede ayudarnos, tanto a súbditos como a superiores, a mantener la vivencia religiosa de la obediencia en un mundo donde la virtud de la religión está en franco proceso de deterioro y desaparición en algunos ambientes.
Lo que se ofrece a Dios en el voto de obediencia es la libertad, la voluntad, la parte más digna y alta del hombre. Un tiempo como el nuestro en que se habla tanto de los derechos del hombre y de la dignidad humana, parece bien dispuesto para entender la grandeza de lo que se ofrece. Pero quizás peor dispuesto que nunca a comprender por qué se ofrece, y menos persuadido que nunca, a falta de testimonios claros, de que esa oblación sea un acto religioso. Por eso mismo muchos vacilan y retroceden ante la oblación de su dignidad en la vida religiosa. Y no se engañan.
Los motivos de esa vacilación son complejos. En primer lugar, no se comprende por qué haya de ser ofrecida en sacrificio la más digna parte del hombre. En segundo lugar, por motivos más bien históricos y concretos, ha dejado de ser patente y visible la condición de consagrados. En parte porque se han abandonado los hábitos religiosos interiores y correlativamente los signos visibles en el vestido religioso. En parte porque no se reciben señales claras de que los "consagrados" se tengan por tales o, a veces, de que sean tenidos por tales por sus superiores.
Es doloroso decirlo: Alguna vez he oído decir a algún superior, refiriéndose sobre todo a los hermanos coadjutores, que era preferible trabajar con laicos que con jesuitas. Y la razón que daba es que a los laicos uno los puede elegir según las conveniencias de la obra y despedirlos cuando convenga. Esta percepción funcionarial de la obra apostólica influye también en algunos a la hora de pedir vocaciones, a las cuales se las considera también, con una óptica poco religiosa, como personal necesario para las obras, más que como almas en camino de perfección, como llamados de Dios.
Esto es parte del fenómeno más general de la pérdida del sentido de lo sagrado que trae la cultura secularizada y secularizante al invadir los ámbitos de la vida religiosa, al filtrarse en el corazón de los consagrados, tanto súbditos como superiores. Esta infición redunda en la pérdida de identidad como consagrados. Ya no se siente la veneración por lo que pertenece a Dios, por haberle sido dedicado apartándolo de los usos profanos.
No en vano se pierde el sentido de la liturgia, el sentido de los ritos y de los símbolos, el sentido de la consagración de los objetos, y de los tiempos. El cáliz, los ornamentos, los lugares y espacios consagrados, la materia de los sacramentos, los gestos y posturas corporales. En cuanto a los tiempos, se pierde el sentido del domingo y de las fiestas de guardar. Si todo vale en esos dominios, y si da lo mismo consagrar con galletitas María que con pan con grasa, o celebrar en cualquier copa y sobre cualquier mesa o en el suelo, o gritar o fumar dentro del templo, si se puede, sin dolor, demoler por cualquier motivo un altar consagrado o destinar los templos a usos profanos, es porque se ha perdido el sentido religioso. El hombre religioso es el que percibe la diferencia entre los objetos profanos y los que han sido dedicados a Dios.  Si nos preguntamos acerca de las causas de este fenómeno hay que responder que se trata de una pérdida del sentido de la realidad de Dios. No de su realidad nominal. El secularismo es gnóstico, en el sentido que sustituye a Dios por la idea de Dios. De ahí la ambigüedad de las conductas secularistas de apariencia religiosa y cristiana. El secularismo sigue manteniendo el lenguaje cristiano, pero ha cortado la comunión con las realidades nombradas. El actual secularismo es hijo de la gnosis y del nominalismo.
 Lo que al desacralizado le parece mojigatería o hasta superstición, no lo es de ninguna manera para el hombre religioso.
Cuando la pérdida de la religiosidad alcanza a los mismos religiosos, y la desacralización a "la vida consagrada", se produce algo así como la irrupción de la abominación de la desolación en el lugar sagrado, con la pérdida consiguiente de identidad. Los que habían hecho profesión de buscar la perfección de la caridad por los caminos de la obediencia no saben ya quiénes son, ni lo saben los que, entre ellos, ofician de superiores. Esto da lugar por un lado a insinceridades en la sujeción y por otro a abusos y arbitrariedades en el mando; por un lado a actitudes de tiranía y dominación, por el otro a actitudes de adulación o de cinismo, de rebeldía o de huída. Por ambos extremos, a profanaciones de la libertad consagrada.
Tales abusos ponen por fin en crisis la institución misma de la autoridad y el gobierno. Por esos caminos, algunos religiosos han dado en vivir en "comunidades sin superior". De aquellos polvos vienen estos lodos. Sin sentido de la sacralidad de la obediencia consagrada, ésta no se mantiene. Profanada, se desvirtúa, tanto en la vivencia del súbdito como en la del que ejerce la autoridad.
Siendo la obediencia religiosa una forma de la caridad que desciende del Padre, se aplica a ella lo que se dice de la Caridad. Y lo primero, es que la relación de obediencia, requiere una relación de cierta simetría y reciprocidad espiritual, en lo referente a la actitud religiosa de súbdito y superior.
Observa atinadamente Santo Tomás que: "no basta la benevolencia (querer el bien del otro) para que se pueda hablar propiamente de amistad (=caridad), sino que se requiere la reciprocidad de amor; porque el amigo debe ser amado del amigo. Y esta benevolencia recíproca se funda en alguna comunicación" (Sto. Tomás de Aquino, Summa Theol., 2ª 2ae, q.23, art.1 c.). O, para decirlo en palabras de San Ignacio: "el amor consiste en comunicación de las dos partes, es a saber, en dar y comunicar el amante al amado y el amado al amante" (EE 231).
Lo que se comunican superior y súbdito en la relación de caridad que es la obediencia es precisamente sus voluntades sumisas a Dios. El superior ofrece una voluntad sumisa a la de Dios y que preceptúa y el súbdito retribuye con una voluntad sumisa a Dios y que acata. Así ambos se comunican su amor a Dios.
El deterioro de la relación de obediencia (sumisión-mando) religiosa puede ser bilateral o unilateral, simétrico o disimétrico.
El deterioro es bilateral y simétrico, cuando afecta tanto al súbdito como al superior, secularizados, y que han perdido, en diferentes grados, el espíritu religioso.
El deterioro es unilateral o disimétrico, cuando uno de los dos quiere vivir religiosa y sobrenaturalmente su consagración, pero no encuentra en el otro la necesaria reciprocidad. Estas situaciones son particularmente dolorosas y conflictivas para la parte fiel, superior o súbdito, según los casos. Esto se ve ejemplificado en la vida de los santos. Santa Teresa, por ejemplo, sufrió como reformadora en conventos imposibles de reformar, el drama del superior desobedecido o no reconocido. San Juan de la Cruz, sufrió el drama del súbdito de superiores inflexibles.
¿Es posible vivir la obediencia en sus vertientes de sumisión o de mando en estas condiciones? Sí. El ejemplo de Jesús y de los santos nos lo demuestra: es posible vivir la caridad aún cuando no se encuentra la respuesta de una recíproca benevolencia. Pablo lo recalca en el himno de la Caridad, que se puede cantar asimismo a la Obediencia: "La obediencia, -ya sea la que manda ya sea la que se somete-, es paciente, es benigna, no es envidiosa, no es jactanciosa, no se hincha, no es descortés, no es interesada, no se irrita, no piensa mal, no se alegra de la injusticia, se complace en la verdad, todo lo excusa, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta" (Cfr. 1 Cor 13,4-7).
En la actual crisis de la cultura religiosa, no es fácil comprender qué es la consagración. Aunque se siga usando la palabra, ya no se vive, en muchos casos, la realidad que ella nombra. Es significativo que la palabra consagración, que aún mantiene cierta fuerza significativa para denominar la consagración religiosa, haya perdido prestigio cuando se refiere a las tradicionales consagraciones piadosas (al Sagrado Corazón, o a la Virgen). En ese plano ha aparecido una resistencia tanto al uso de la palabra como a la realidad nombrada. Donde la realidad se mantiene, se prefiere hablar hoy de entrega, en un esfuerzo por recuperar la capacidad expresiva y el contacto con la realidad.
El problema de la falta de vocaciones viene de ahí. Muchos religiosos/as, aunque mantengan la continuidad de un discurso verbal, ya no trasmiten los meta mensajes, por no decir los buenos ejemplos, que le dan eficacia a las palabras. Hoy tampoco es popular hablar de buen ejemplo. Meta mensaje viene a decir lo mismo que buen ejemplo, pero en forma quizás más potable para el actual paladar.
Lo que agrega la consagración a Dios al ya altísimo valor y dignidad de la libertad, lo percibe el alma religiosa. Es un acto de la virtud de religión. La religión es una virtud moral. Y esta distinción es necesaria para distinguir entre los que siguen usando el discurso cristiano sin esa virtud y los que la viven aún cuando no sepan decir mucho acerca de ella.
Lo que se ofrece a Dios, lo que pasa a pertenecerle, es: sagrado. Ya no está destinado a fines profanos, por más altos, dignos y nobles que puedan ser en sí mismos. Pertenece a los fines del Reino y no a los fines propios.
La voluntad consagrada está destinada a unirse a la de Dios. Ya no pertenece a hombres. No pertenece al que la ha entregado, quien no puede recobrarla para sí sin sacrilegio, porque arrebataría lo que ya no le pertenece a él sino a Dios. Pero la libertad del súbdito tampoco pertenece al superior. Este, en efecto, está también sometido a la voluntad de Dios y no puede abusar de una voluntad consagrada sin, de alguna manera, incurrir en sacrilegio por la profanación de algo consagrado, o sea apoderándose humanamente de la voluntad del súbdito para planes y fines humanos, no conferidos religiosamente con Dios.
El camino obediente de San Ignacio de Loyola resulta así particularmente iluminador para orientarnos en las problemáticas situaciones que nos plantea la obediencia en esta época secularista en la que nos ha tocado vivir.


Horacio Bojorge S.J.

martes, 11 de abril de 2017

¡DIOS MÍO! ¡DIOS MÍO!
¿POR QUÉ ME HAS ABANDONADO?
MURIÓ DE CARA AL PADRE
Mateo 27, 46

Mateo 27, 45-46 
45 Desde la hora sexta hubo tinieblas sobre toda la tierra hasta la hora nona. 
46 Y hacia la hora nona clamó Jesús con gran voz, diciendo: "Eli, Eli, lemá sabakhtaní", esto es, "Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado?" (Sal 21,2).

ALGUNAS OBSERVACIONES
1) Jesús comienza a orar el Salmo 21 (22 en el texto hebreo)
2) El Salmo 21 tiene dos partes. 
La primera es un salmo de lamentación: Vv. 2-22
La segunda un salmo de confianza; Vv. 23-32
3) El salmista comienza confesando a Dios su aflicción, pero a partir del vers. 23 proclama que todos sus sufrimientos lo autorizarán ante sus "hermanos" para que – revelandose a sí mismo como Hijo - Siervo sufriente,[Isaías 53,3 varón de dolores] les revele el nombre de Dios-su Padre,nombre nuevo: Mi Padre [Isaías 42,1ss]
4) La revelación de Dios-mi-Padre es inseparable de la revelación de Cristo como Hijo-de-Dios-su-Padre. 
5) Los sufrimientos del Hijo, [la Pasión], son el escenario donde Él se revela a sí mismo y a su Padre. En la Pasión tiene lugar la revelación de ambos Hijo-Padre
6) Sus hermanos seguirán anunciando ese nombre a las generaciones futuras.
7) En la segunda parte se anuncia la generación filial. De ese modo queda insinuado que el nombre que se revelará es: PADRE 

1ª Parte: Lamentación 2 ---> 22

2 Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?; a pesar de mis gritos, mi oración no te alcanza.
2ª Parte: Confianza 23 ---> 32
23 Revelaré tu nombre a mis hermanos, en medio de la asamblea te alabaré.


Desamparo y muerte del Redentor. Mateo 27,45-50

Mateo 27, 45 Desde la hora sexta hubo tinieblas sobre toda la tierra hasta la hora nona. 46 Y hacia la hora nona clamó Jesús con gran voz, diciendo: "Eli, Eli, lemá sabakhtaní ", esto es, "Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado?" (Sal 21,2). 47 Algunos de los que allí estaban, al oírlo decían: "A Elías llama éste". 48 Y al  punto, corriendo uno de ellos y tomando una esponja y empapándola en vinagre e introduciendo en ella una caña, le daba de beber.  49 Mas los demás decían: Deja, veamos si viene Elías a salvarle. 50 Mas Jesús, habiendo clamado con gran voz, exhaló el espíritu.


Lucas 23, 46-47 Y clamando con voz poderosa, Jesús dijo: Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu (Sal 30,6 biyadejá ‘afqid rují). Y, dicho esto, expiró.  47 Viendo el centurión lo acaecido, glorificó a Dios, diciendo: Realmente este hombre era justo [dikaios, grato a Dios, inocente, ].

Marcos 15, 39: 39 y viendo el centurión, que allí estaba de pie frente a él, que de tal manera había expirado, dijo: Verdaderamente este hombre era Hijo de Dios.

LOS CUATRO CÁNTICOS DEL SERVIDOR DE DIOS: 
Isaías 42, 1-9; 49, 1-6; 50, 4-10; 53, 1-12
1) En el Bautismo y la Transfiguración (Mateo 3,17; Marcos 1, 11; Lucas 3, 22); el Padre proclama que Jesús “Este es mi Hijo muy amado en quien me complazco” 
2) Así el Padre presenta a Jesús como el Siervo de Dios anunciado por Isaías: “He aquí mi siervo a quien yo sostengo, mi elegido en quien se complace mi alma, he puesto mi Espíritu sobre él, dictará mi ley a las naciones” (Isaías 42,1)
3) La segunda parte del Salmo 21, los vv. 23-32, contienen los mismos temas de los cuatro cantos del Servidor en Isaías.


LA NOCHE EN EL MEDIO DÍA DEL VIERNES SANTO
EN EL QUE OBRÓ EL SEÑOR

LAS NOCHES 
EN QUE OBRA EL SEÑOR
Mt 27,45

"Desde la hora sexta [el mediodía] la oscuridad cayó sobre la tierra hasta la hora nona [las tres de la tarde] Y alrededor de  la hora nona [...] entonces, [Jesús] dando un fuerte grito exhaló el espiritu" [Mateo 27, 45-46]
"...la oscuridad cayó sobre toda la tierra hasta la hora nona. El velo del santuario ser rasgó por medio. Jesús dando un fuerte grito, exclamó: "Padre, en tus manos pongo mi espíritu" dicho esto expiró" [Lucas 23, 44-46]

El oscurecimiento desde la hora de sexta a nona constituye una noche en pleno día, para recibir el grito de Jesús: "Padre, en tus manos entrego mi espíritu" y el último aliento de Jesús


“Sólo cuatro noches son las que están escritas en el Libro de las Memorias:
1)    La primera noche: cuando se apareció  el Señor sobre el mundo para crearlo. El mundo era confusión y caos y la oscuridad estaba extendida sobre la superficie del abismo y el Verbo del Señor era la luz que iluminaba: y la llamó Noche primera.
2)    La noche segunda: Cuando el Señor se apareció a Abraham centenario y Sara su mujer nonagenaria para cumplir lo que dice la Escritura: ‘¿Por ventura Abraham de cien años engendrará y su mujer de noventa años parirá?’ (Gen 17, 17; Ex 4, 22). E Isaac tenía treinta y siete años cuando fue ofrecido en el altar. Los Cielos descendieron y bajaron e Isaac vio sus perfecciones y quedaron nublados sus ojos por sus perfecciones y la llamó Segunda Noche.
3)    La tercera noche: cuando el Señor se apareció a los egipcios a media noche: su mano daba muerte a los primogénitos de los egipcios y su diestra daba protección a los primogénitos de Israel, para cumplir lo que dice la Escritura: ‘mi hijo primogénito es Israel’ (Ex 4, 22) y la llamó Tercera Noche.
4)    La cuarta noche: cuando llegue el mundo a su fin para ser redimido: los yugos de hierro serán quebrados y la generación malvada será aniquilada y Moisés subirá de en medio del desierto y el rey Mesías de lo alto. Uno caminará a la cabeza del ganado (o bien: encima de la nube, con alusión a Daniel 7, 13] y el otro caminará a la cabeza del ganado y su Verbo caminará entre los dos; y Yo y ellos caminaremos juntos. Esta es la noche de la Pascua para el nombre de Yahvé: noche reservada y fijada para la redención de todas las generaciones de Israel” [Targum Neophyti, Ex 12,42]. 

1) Este antiguo texto judío, es una glosa o comentario del Éxodo 12, 42. Se encuentra en una traducción aramea (= targum) del texto hebreo.
            2) Este texto targúmico llama nuestra atención sobre cuatro noches:
a) La noche de la creación (Génesis 1)
b) La noche de la promesa y de la Alianza con Abraham: Génesis 15; 17; 22.
c) La noche de la liberación de Egipto o noche de Pascua: Éxodo 12
d) La "noche del Mesías" o de la redención definitiva. Los intérpretes deducían que si Dios había hecho de noche sus grandes gestas pasadas, también realizaría de noche esa gesta futura.
3) Con esta noche se conectan también textos como Números 22, 20; 24, 7-8; 24, 17ss; Isaías 60, 1-3ss; Sabiduría 18, 14-16
4) Dios ama actuar en la noche, hablar y comunicarse en la noche, cuando los hombres duermen y los fieles velan. Así se muestra en sueños a Jacob (Génesis 28, 10-22); se manifiesta en sueños a José (Génesis 37, 5-11); habla por la noche al niño Samuel (1 Samuel 3, 1-21); instruye en sueños a Daniel (Daniel 7, 1-28).

Las noches del Mesías
5) Esta traducción y comentario targúmico de Éxodo 12, data de los tiempos de Cristo y proviene del medio palestino. Jesús lo escuchó en la Sinagoga, como traducción y explicación del texto hebreo; lengua que el pueblo no entendía ya. Y comprendió sus propias noches a la luz de las noches del Padre.
6) Es en la línea de estas noches de Dios donde el Padre obró y Jesús leyó y comprendió el sentido divino y salvífico de sus propias noches: "las noches de Cristo": Nacimiento, Huida a Egipto, última Cena, traición de Judas, agonía en el Huerto de los Olivos, prisión y juicio inicuo, muere en las tinieblas del mediodía del viernes, Resucita de noche. 
También es posible considerar cómo Cristo tuvo en cuenta estas obras nocturnas del Padre cuando oraba de noche, cuando de noche caminó sobre el mar, o cuando se entrevistó de noche con Nicodemo, o cuando aludió a la noche en el episodio de Lázaro.
Jesús sufre cruelmente durante las cuatro vigilias de la noche de la Pasión. La última cena, el Huerto, la prisión, los juicios, la condenación injusta, la flagelación y la coronación de espinas. Es una noche en que Dios mismo está en vela toda la noche, sufriendo por nosotros, amando y redimiendo.
El oscurecimiento desde la hora de sexta a nona constituye algo así como una noche en pleno día, para recibir el grito de Jesús: "Padre, en tus manos entrego mi espíritu" y el último aliento de Jesús[1]. Dum magnum silentium teneret omnia...
El Espíritu del amor irrumpe incontenible. El Padre acaba de glorificar a Jesús su Hijo, mostrándolo en su gloria de Hijo obedientísimo a todas las generaciones de los hombres.

Un grito en el silencio de la Noche: Navidad, Jueves y Viernes Santo
            7) La liturgia de Navidad nos enseña a asociar Sabiduría 18, 14-16 con la Encarnación del Verbo y el Nacimiento de Cristo.
            8) ¿Nos sorprende el contraste casi contradictorio y antitético del grito de guerra en la noche de paz? ¿Qué tiene que ver este grito de un guerrero con el vagido de un niño recién nacido?
            9) Sabiduría 17-19 es un comentario a la noche de la liberación de Egipto, narrada en Éxodo 12. Allí Dios aparece como un guerrero que acude a liberar a su primogénito y hiere a los primogénitos de sus opresores. El Dios goel aparece así como el vengador de sangre, que viene a vengar a todos los niños hebreos sacrificados por los opresores.
            10) La liturgia retoma el recuerdo de la Pascua antigua, que es una vigilia o vela guerrera de Dios en la noche de la salida de Egipto y del exterminio de los primogénitos de Egipto, y lo relaciona, sin temer el contraste, más bien contemplándolo con asombro y admiración, con una inteligencia profunda de la novedad del cambio. La Navidad se presenta así como una pequeña Pascua que adelanta la gran Pascua y aquél mediodía en que se oscurece el cielo como si fuera de noche y Cristo expira "con un gran grito".
            11) El escenario del nacimiento es un escenario nocturno. Lucas lo subraya: los pastores guardan el ganado. Él recogió - nos dice - lo que los testigos oculares vivieron desde el comienzo, en palestina. El que según la tradición retrató a María, la conoció de vista y recogió su testimonio ocular, acerca de las cosas que ella "guardaba en su corazón". Nos lo dice dos veces.

Un gran silencio
            12) Sabiduría 18, 14 nos habla del gran silencio de la noche, en medio del cual silencio Dios pasa realizando sus gestas. El Targum Neophyti y Éxodo 12 explican la celebración nocturna de la Pascua como una vigilia en memoria de aquella otra vigilia de Dios.
13) En el Evangelio abundan las invitaciones a velar y a orar. Y a esperar al que vendrá no se sabe en cuál de las cuatro vigilias de la noche. Hay que estar vigilantes porque no se sabe cuándo vendrá. Vendrá como un ladrón, cuando menos se lo espera. O vendrá como el novio que sorprende a las vírgenes necias.
14) La misma visión está detrás de la pequeña parábola del amigo importuno e inoportuno que viene a golpear la puerta de noche, cuando los niños ya están dormidos y el amigo acostado.
15) De noche, Dios no duerme: "No duerme ni reposa el centinela de Israel" (Sal 120, 4).

San Ignacio de Antioquía
16) San Ignacio de Antioquía se refiere a menudo al Silencio, como nombre de Dios, o como actitud cristiana: "Más vale callar y ser que hablar y no ser. Bien está el enseñar, a condición de que, quien enseña, haga. Ahora bien, hay un Maestro que dijo y fue[2] [lo que dijo]. El que de verdad posee la palabra de Jesús, puede también escuchar su silencio, a fin de ser perfecto[3]. De esta manera, según lo que habla [así también obra, como Dios lo hace en la noche de la creación]; y por lo que calla es conocido"[4].
17) Los misterios de Dios los llama San Ignacio de Antioquía, misterios sonoros, estentóreos, misterios de grito o a gritos: "Y quedó oculta al príncipe de este mundo la virginidad de María y el parto de ella, del mismo modo que la muerte del Señor: tres misterios sonoros que se cumplieron en el silencio de [la noche de] Dios"[5].
18) Aquí asocia san Ignacio de Antioquía la noche de la Navidad con la noche de la Pasión y muerte del Señor. La liturgia de Pasión y Resurrección también están transida de la memoria de la noche en la que Dios obra la Redención. La noche del Mesías. Las noches del Mesías. El primer vagido del infante y el gran grito y último suspiro del que muere en Cruz resuenan en la noche de Navidad y en las tinieblas que cubren la tierra el Viernes Santo, cuando Jesús expira.
19) La noche de Navidad y la Estrella de Navidad, nos invitan, como la noche de Pasión y la de Pascua, a escuchar el silencio de Dios. Un silencio digno del Padre, que habita el silencio, pero que pronuncia su Palabra e ilumina la noche con la estrella de Cristo. Cristo saber escuchar el silencio del Padre y sabe interpretar el por qué es abandonado en manos de los hombres, como profetizaba de él el Salmo, inspirado para Él y para el momento que había de recitarlo en Cruz; para anunciar el nombre del Padre a sus hermanos, y revelar la justicia filial "al pueblo que ha de nacer" de la sangre de su cruz y del agua de su costado[6].
20) Inmediatamente se pregunta San Ignacio de Antioquía cómo es que, entonces, estos misterios fueron manifestados a los siglos: "Ahora bien, ¿cómo fueron manifestados a los siglos? Brilló en el cielo un astro[7] [es de noche por lo tanto] más resplandeciente que los demás astros. Su luz era inexplicable y su novedad produjo extrañeza [¿en los Magos?]. Y todos los demás astros, juntamente con el sol y la luna, hicieron coro a esta nueva estrella; pero ella, con su luz, los sobrepujaba a todos. Sorprendiéronse las gentes preguntándose de dónde pudiera venir aquella novedad tan distinta de las demás estrellas. Desde aquél punto quedó destruida toda hechicería y desapareció toda iniquidad. Derribada quedó la ignorancia, deshecho el antiguo imperio desde el momento en que se mostró Dios hecho hombre para llevarnos a la novedad de la vida perdurable, y empezó a cumplirse lo que en Dios era obra consumada. Todo se conmovió desde el instante en que se meditaba el aniquilamiento de la muerte"[8].

El Verbo, Luz en la Noche
21) El texto del Targum Neophyti que leímos habla del Verbo de Dios (Memrá d'Adonay) como luz en la noche. Según Juan 1, 4-5- 9; y 8: El Verbo era la luz que vino a los suyos (Cfr. Sabiduría 17). También es interesante tomar en consideración en relación con esto la misteriosa palabra de Jesús en Juan 11, 8-10[9], que quizás ayuda a comprender mejor el sentido de la insistencia de Juan en recordarnos que cuando Judas lo traicionó, era de noche (Jn 13, 30).
22) Velar se dice de la fe. Creer es velar. No creer es como un dormirse, que no permite asistir a las acciones secretas, ocultas, nocturnas, de Dios. Los fieles velan creyendo y esperando la intervención de Dios. Porque en la noche, tiempo en que los hombres cesan de obrar, las obras de Dios se demuestran inconfundiblemente suyas. En la noche, resalta que la acción es de Dios. Velamos en la noche de la fe. Y esa noche se transforma en luz nocturna.
23) Orando: Venga tu Reino, instamos hasta la importunidad a un Dios que parece dormir.
            24) Jesús meditó estas palabras que estaban escritas de Él y para Él. Las comprendió como dichas de sí mismo y de sus noches. Él también entendió el sentido de  nuestras noches, de las noches del Cuerpo Místico en la Historia. Y nos aconsejó velar y orar en espera de la venida del dueño de la Casa, es decir, del dueño del Templo de Jerusalén y de lo que el Templo significaba: el Santuario no hecho por mano de hombre, el templo de su Cuerpo y la Tienda del Santuario celeste a la que nos hemos acercado nosotros.
            25) Velad y Orad. Como Cristo en la noche del Huerto, debemos tender el oído para escuchar. La Palabra de Dios suena en las noches: "Hágase la luz"; "Hágase tu voluntad y no la mía". "Hagan esto en memoria mía".
26) Los primeros cristianos, al parecer comprendían el sentido nocturno de la Eucaristía, que, como repetición de la última Cena reclamaba la conveniencia de celebrarla de noche para cumplir el encargo: "Hagan esto en memoria mía". Se reunían para celebrarla antes de la salida del sol.
27) Nuestras eucaristías tienen algo de esos "Hágase" nocturnos de Dios. Es un "hágase" que obramos en la Iglesia en Memoria del "Hágase" y de los "Hágase" divinos en la noche del Mesías.
28) Sucede también en la noche de la fe. Sucede en la noche de los sentidos, pero en la vigilia de la fe y de la oración. Como dice San Ignacio de Antioquía: "El que posee la Palabra de Dios, también sabe escuchar su silencio".

La eucaristía como el misterio nocturnal
            29) Como la noche del Mesías se renueva sacramentalmente en la cena y el sacrificio eucarístico, podemos decir que "la noche del Mesías, es la eucaristía", que se renueva toties quoties se la celebra en memoria de Cristo, y en comunión con sus sentimientos filiales: "tened en vosotros los mismos sentimientos que Cristo Jesús" (Filipenses 2, 2.5).

            30) Dice San Juan de la Cruz:
Que bien sé yo la fonte que mana y corre
aunque es de noche
Aquella eterna fonte está escondida
que bien sé yo do tiene su manida[10]
aunque es de noche.
Aquesta eterna fuente está escondida
en este vivo pan por darnos vida,
aunque es de noche.

            31) Por eso, aunque la celebremos de día, la eucaristía, que celebraban de noche los primeros cristianos, es la Noche del Mesías en la que Dios obra la redención, la santificación, la filialización, la bienaventuranza, la comunión con el Hijo, el Padre, El Espíritu Santo y con todos los santos vivos y difuntos. Es la congregación de los dispersos "in unum": "congregavit nos in unum Christi amor". Operación divina en la noche eucarística del Mesías. En esa noche irrumpía el Sol al amanecer, el Sol que viene de lo alto anunciado por el que surge desde abajo, y que es figura sacramentaria, ritual, como un grito de luz.
            32) Porque hasta Cristo, Dios estaba oculto en su noche. Pero desde Cristo, el que lo ve, ve al Padre. En la noche de una humanidad que ignora el verdadero rostro de Dios, que considera a Dios encerrado en un silencio impenetrable, Cristo irrumpe como un grito, como una luz, como un Maestro de vida eterna. "Esta es la vida eterna, que te conozcan a ti"[11].





[1] Lucas 23, 44-46
[2] Alusión al relato de la Creación, donde Dios dice y sucede lo que dice, con palabra eficaz. "La palabra de Dios es viva y eficaz y más aguda que espada de dos filos"(Hebreos 4, 12). Es, una "espada del espíritu" (Efesios 6, 17
[3] "Como el Padre celestial es perfecto" (Mateo 5, 48)
[4] A los Efesios XV, 1-2
[5] A los Efesios XIX, 1
[6] Salmo 21, 2. 23.31-32
[7] Parece aludir claramente a la estrella de los Magos de Oriente, de que nos habla San Mateo, y que evoca el astro que predice Balaam en Números 21.
[8] A los Efesios XIX, 2-3
[9] ¿No son doce las horas del día? Si uno anda de día, no tropieza, porque ve la luz de este mundo; pero si uno anda de noche, tropieza, porque le falta la luz"
[10] Manida: lugar o paraje donde un hombre o animal se recoge y hace mansión. 2.: Germanía: Casa para habitar. (Germanía era la jerga o manera de hablar de rufianes, ladrones, gente baja, que usaban ellos solos y constaba de voces del idioma español con significación distinta de la genuina y verdadera, y de otros muchos vocablos de orígenes muy diversos.
[11] Juan 17, 3